miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un acercamiento a esa música que tanto me gusta: la Champeta

Esta carátula de un Lp, demuestra que África y champeta van de la mano. 

Hablar de evolución en la champeta, sería condenarla a muerte, es en palabras simples: romper el vínculo con África.

Por: José David Pacheco Martínez

Un día dije que Kevin Flórez está lejos de ser un cantante de champeta, que sus sonidos discotequeros y lo comercial de sus letras están distantes, quizás a años luz de Elio Boom, Melchor ‘El Cruel’, Charles King o Viviano Torres. Sentí pena, lo confieso, porque a pesar de haber estado inmerso en esa música durante años no tenía una definición exacta de lo que es champeta, por eso me di a la tarea de buscar en la literatura un concepto exacto, que permita sacar del engaño y digámoslo así –aunque suene grosero- de la ignorancia a quienes ubican a Flórez en el gremio de los champeteros.

Si quienes hablan de evolución musical dicen que soy un retrógrada por preferir los acordes de La turbina, El perro que habla, Caballeros del zodiaco, El pato Donald, El ladrón salado, El tren del desorden, Los compadres o La quinceañera, pues lo soy y, además, me niego rotundamente a aceptar que se deje de lado esa esencia negra que está implícita y que es parte fundamental de la champeta.
Me perdonará Kevin Flórez y el mismo Mr Black, que parece descubrió que cantando lo que canta ahora en las discotecas y estadios gana más dinero que en los picós y las casetas; pero ellos no cantan champeta. Y a mi modo de ver son unos oportunistas, que intentan disfrazar sus canciones en éste género, porque el que en realidad hacen está copado por otros con mucho más presupuesto, trascendencia, reconocimiento e industrias musicales mejor estructuradas.

Escuchar champeta de verdad es, al igual que una tambora, una invitación a bailar, una sensación involuntaria e inexplicable que está en la sangre. Es una reacción espontánea a nuestros orígenes negros, un regreso al África, a nuestra verdadera madre patria. Bueno, en este punto, quienes se crean y se sientan descendientes directos de los españoles pueden objetar y salirse de este grupo, que se siente movido por los sonidos del negro esclavo y alegre. No los culpo, ellos tienen sus propias culpas, los descendientes de los ibéricos tendrán toda su vida que cargar con los horrores que sus antepasados hicieron padecer a los verdaderos dueños de estas calurosas y otrora ricas tierras.

La champeta es la expresión musical de los barrios marginales de Cartagena. Pero, hoy en día no es un ritmo exclusivo de la capital de Bolívar ni de sus municipios, corregimientos y veredas.  La influencia de este pegajoso ritmo ha ganado espacio en muchos sectores de la costa Caribe e, incluso, es posible escucharla en la región Pacífica, donde también hay mucha influencia de lo africano y lo negro, sin que se tome lo que digo a modo discriminatorio.

¿Qué es Champeta y de dónde viene?

La respuesta al interrogante que tanto me inquieta la tiene Manuel Hernández Valdés, investigador de la cultura palenquera y nativo de esa población donde se originó todo este movimiento cultural, que va más allá de la música y es independiente al contenido, para algunos vacíos, de sus letras.

Hernández explica que el término champeta es evidentemente una palabra africana, que nace desde los palenques del Caribe hacia el resto del mundo, sin duda, adscrita a la lengua palenquera, entendida y ubicada espacialmente en los Montes de María. 

Champeta es, entonces,  una palabra compuesta por el prefijo cha, que significa viejo; y el sufijo mpeta, que significa pedacito.  Desde esa concepción etimológica, champeta es la unión  entre algo viejo y un pedazo de ese mismo algo, pero, para este caso, se aplica a un cuchillo viejo, largo y afilado, que en algún momento histórico, fue utilizado por los palenqueros que emigraron a Cartagena para arreglar sus diferencias.

Ahora bien, definida la palabra de forma etimológica, paso a un concepto un poco más histórico y que nos aproxime a la música como tal,  para eso –entender de donde viene- y el por qué me atrevo a afirmar que Flórez está muy lejos de ser un intérprete, traigo a colación al historiador Luis Gerardo Martínez Miranda, quien hace una reconstrucción en el tiempo de lo que es la champeta.  Él sostiene que este género musical tiene un sustrato esencialmente africano. Su historia, que es la historia de su resistencia, muestra una extraordinaria capacidad de asimilar otros elementos culturales; que a pesar de la interacción la hacen única.

 En primer lugar, echó raíces en el terreno abonado que dejó la huella de la colonia, en esos tiempos en los que Cartagena se constituyó en el primer puerto de comercio de africanos esclavizados. Es así, como a finales del siglo XX y como oportunidad de negocio, la capital de Bolívar, por razones que saltan a la vista,  se convierte en el punto clave para la comercialización de la música de países africanos como Antiguo Zaire, Sudáfrica y Nigeria. Otro aspecto importante y  que se relaciona con el origen de la champeta  tiene que ver con la presencia masiva de palenqueros en Cartagena, quienes también adoptaron como suya este tipo de música. Fue así como se estableció un puente entre África y San Basilio de Palenque.

Sigo en mi búsqueda de referentes y definiciones, por eso llego hasta Nicolás Contreras, otro de los que se ha dado a la tarea de descubrir el significado y la importancia que tiene la música para esos descendientes africanos. Él la define desde un punto de vista más antropológico: la champeta es mucho más que música y baile, es un movimiento sociocultural que fue llevando poco a poco a Colombia, a reconocer que en cada uno de los 45 millones de habitantes hay algo de negro.

Hasta mediados de los años 60, cuando se popularizó la venta de Long Plays traídos de África, Colombia se había medido como un país andino y no como un país caribeño, manteniéndose reacio a reconocerse dentro de las naciones caribeñas, porque en el Caribe la matriz cultural es enteramente negra, y si nosotros consideramos al Caribe como una ecuación de conjunto, sin duda veremos que la intersección en todo el Caribe es África.

No obstante a que la gran mayoría, de los pocos que se han interesado por el asunto, catalogan y ubican la champeta como una forma de resistencia y una petición de legitimidad, Michael Birembaum rebate todas esas ideas diciendo que “la champeta como cultura y estética no existe tanto como oposición a la cultura dominante sino como una dinámica de expresión popular que se preocupa mucho menos por la cultura hegemónica dominante que por sus propios fines sociales, económicos y estéticos”. Esta afirmación le da un valor agregado al género y  a los ojos de los estudiosos del tema podría generar un debate profundo.  Birembaum se basa en toda esa simbología presente en las letras, los sonidos y hasta el baile para llevar la cosmología de la champeta a otro nivel.

Ahora bien, como hemos visto hasta ahora, esta música además de tener implícito esa nota de alegría y picardía propia del negro, está ligada también a la sensualidad y erotismo del hombre proveniente de África, que se condensa y se expresa en el baile, que Contreras Hernández describe de la siguiente manera: “el baile comenzó en parejas con el abrazo un tanto estrecho de un brazo que rodeaba a la pareja por la cintura y la otra mano entrelazada separada de los cuerpos, pero con los pasos básicos de los estilos de baile (el reloj, el cochero, el policía, la tijera y el taxista, entre otros); hoy tiende a una exploración más cercana del cuerpo enlazado con los dos brazos y el sexo contra sexo, como representación copular”.

Aunque la definición literal de champeta está distante de ese ritmo alegre y con letras que relatan el diario vivir de los sectores más humildes de Cartagena, que desde la rebelión de Domingo Biojó,  la creación y fuga de esclavos a los palenques, se declararon en resistencia.  Todos los que hasta ahora han ahondado en la investigación respecto a esta expresión cultural coinciden en que hasta cierto punto la champeta es una forma de no desconectarse de la madre patria, de un modo u otro se ha convertido en el punto de encuentro de generaciones y generaciones con su esencia, sin olvidar que más que un reclamo es  legitimidad y reconocimiento en sí misma.

Como dice Luis Gerardo Martínez en su trabajo ‘La champeta: una forma de resistencia palenquera a las dinámicas de exclusión de las élites "blancas" de Cartagena y Barranquilla entre 1960 y 2000’: a diferencia de lo que se ha dicho cuando se la califica de retrograda, sin contenido alguno, violenta, de mal gusto o con alto contenido sexual, la champeta como género musical es canal de comunicación entre las clases oprimidas de Cartagena y Barranquilla, por medio del cual salen a relucir todas aquellas inconformidades de una sociedad maltratada por una élite excluyente. Por medio de ella se ha consolidado una identidad que, pese a todos sus tropiezos, sigue viva en cualquier lugar donde residan los champetúos que, para sorpresa de muchos, los hay de todos los estratos y colores de piel.


Ya que pude hasta cierto punto ilustrarme e ilustrar a quienes me lean sobre lo que es y significa la champeta para los champetúos de verdad, esos que van más allá de la industria musical y el poder de su dinero, para esos que la perciben como un punto de contacto y el cordón umbilical con África, quiero preguntarle a Kevin Flórez y Mr Black ¿Qué es para ellos champeta? ¿A cuenta de qué o por qué hablan de evolución? ¿Evolución hacia qué o hacia dónde? ¿Qué aportan esos nuevos sonidos  y letras a la concepción real de champeta? ¿Qué queda de la champeta después de los arreglos y estilos que ellos acaban de introducir? ¿Dónde está o quedó el contacto con África? 

Aquí les dejo algunas canciones, para que comparen y saquen ustedes sus propias conclusiones


El Bicarbonato - Charles King



El Pato Donald - Álvaro 'El Bárbaro'



La Turbina - Elio Boom 



El Mete Mono - 'El Pupi'


La invite a bailar - Kevin Flórez 



Fiesta en la noche - Mr Black








2 comentarios:

  1. Tu trabajo es excelente. Una investigación profunda y crítica para resaltar al género. Champeta para el más exigente bailador, diría la Tribú Baharú.

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