lunes, 16 de diciembre de 2013

Mi generación perdida y yo

Este soy yo, aun que parezca una foto de reseña judicial, la tomamos para el periódico de mi universidad: Sergio Arboleda, Santa Marta

De donde yo soy, San Luis Beltrán, corregimiento de Tenerife en el Magdalena, uno de esos tantos pueblos de gente pujante y trabajadora; que se halla perdido a la margen derecha (también los hay a la izquierda) del río Grande de la Magdalena y el monte, llegar a la universidad es un lujo que pocos de mi generación se han dado. No porque para ellos la educación sea una perdedera de tiempo ni mucho menos, es solo que la vida los llevó por otros caminos y el devenir de los días, los hicieron escoger otros oficios.

De donde soy y los de mi generación, los que crecimos viendo los partidos del Parma de Asprilla y el Bari del ‘Niche’ Guerrero; los que nos enamoramos del ciclismo viendo al trágicamente fallecido Marco Pantani mostrar de qué estaba hecho, en el Tour de Francia, Giro de Italia y Vuelta a España; esa generación hoy perdida en el río y la ciénaga del Cacique Sura, se levantó imitando las travesuras del Tom Sawyer y moviendo la antena para sintonizar bien Caballeros del Zodiaco, lamenta cada diciembre haber seguido el oficio de su abuelo, papá, tío y hermano mayor: pescador.

De donde soy y ésta, mi generación, esos que hoy tienen al igual que yo 26 años y estuvimos mucho tiempo en la guardería de Betza, casi no me recuerda. Muchos de esos primeros amigos de infancia y travesuras, pasan por mi lado como si yo fuese un desconocido, sin saber o más bien, sin imaginar que yo soy uno más, soy igual a ellos y cuando regreso a mi pueblo, quisiera reunirme con todos, recordar aquellos momentos, que espero nunca olvidar, no importa donde me lleve el trabajo, el viento y la marea.
Esos, los de mi generación, piensan muchas cosas de mí, pero nunca me las dicen. Tal vez por mi condición de universitario, se autoflagelan y pasan por mi lado apenados. Esos, que cada diciembre me hacen sentir avergonzado, porque soy el único que rompió la tradición y nunca ha pasado una noche entera pescando a la luz de la luna, la brisa fría y a merced de los mosquitos ganándose la vida. Esos, nunca entenderán cuán decepcionado estoy de mí mismo por nunca haber aprendido a pescar.

De donde soy, y los de mi generación, podría decir sin equivocarme y apostar sin temor a perder, no saben el significado de una tesis meritoria ni el trabajo previo y las noches de desvelo (y peleas conceptuales con el compañero y tutor) que uno debe pasar para lograr ese reconocimiento, pero, lo que más me duele, es que no saben ni se imaginan que muchas cosas hechas por mí hasta hoy, han sido para mostrarles a ellos el camino por donde deben transitar sus hijos.

Los de mi generación, esos que ya me olvidaron y me miran como un extraño, tal vez no sepan lo que por mi mente pasa cada vez que veo fotos del pueblo y en el fondo diviso una cara conocida, que a pesar de las secuelas del sol y el rigor del trabajo, reconozco y me lleva a momentos de aquella infancia feliz, donde corríamos descalzos por la arena blanca y caliente de la plaza, esa misma que un día cualquiera antes de yo nacer, el río dejó sin iglesia, sin colegio, sin nada.


A pesar del tiempo y el espacio que nos separa, yo sigo siendo parte de esa generación perdida, que un día cualquiera decidió en masa abortar la idea de estudiar y dedicarse a tener hijos y pescar. Solo espero que algún día, muy a pesar de que ellos me consideran superior o inferior, me vuelvan a admitir en ese grupo de jóvenes (ya no tan jóvenes y tampoco inmaduros) a los que en nuestro primer día oficial en un colegio público, nos echaron a todos por insoportables.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Mototaxismo en Santa Marta, un problema atado a muchos intereses

Por: José David Pacheco Martínez

En la siguiente entrevista con Simplemente Pacheco, el Sociólogo y candidato a Doctor en Sociología Jurídica e Instituciones Políticas Edimer Latorre Iglesias, hace una análisis sobre la problemática del mototaxismo en Santa Marta, cómo y por qué se originó este fenómeno, que se ha multiplicado de una manera incontrolable, ya que, pasó de 1000 personas a más de 3000 en menos de 5 años, algunos de los intereses que se mueven detrás de este negocio, que según él se está robando a una juventud que ha perdido el interés por el estudio y, plantea algunas soluciones, que han sido efectivas en otras ciudades del país. Para Latorre, el principal problema y el factor que ha hecho que se desarrollen y hasta cierto punto se crean con poder, está relacionado con la falta de un sistema de transporte público decente y con rutas que cubran todo el perímetro urbano de una ciudad que crece sin control. 


domingo, 17 de noviembre de 2013

LAS FIESTAS PATRONALES

San Luis Beltrán, Santo Patrono de mi pueblo.

Cuento

José David Pacheco Martínez

Las fiestas del Santo Patrono siempre han tenido para mí un significado especial. Independiente de que sea devoto de él o no, toda mi vida he estado obligado a participar en ellas y debo reconocer, que disfruto mucho de esos días alejados del ruido, el humo, los carros y la gente extraña. Son los días en los que vuelvo a encontrarme con mi verdadera esencia, con lo que en realidad soy, son los días en los que estoy con mi verdadera gente.

Hoy vuelvo después de muchos años. Pienso en todas esas cosas que de niño viví y espero que la magia de aquel entonces atrape a mi hijo como me atrapó a mí. El bus sigue avanzando por la carretera asfaltada alejándose de la ciudad, dejando atrás el bullicio, los semáforos, la gente misma y hasta la vida sedentaria a la que uno se acostumbra en la urbe. Lo único que no queda atrás es el calor, esa sensación está presente metro a metro en el camino que nos lleva a San Luis.

La conexión con San Luis, mi pueblo natal nunca se ha perdido. Soy uno más, así lo siento. Así me lo han hecho sentir cada año de mi vida en octubre para las fiestas patronales. Lo dejé hace mucho no por voluntad propia, la educación ha sido siempre la preocupación de mi mamá, por eso la idea de estudiar fuera, de conocer otras cosas, otra gente, de vivir otra realidad. De niño nunca quería regresar, me fascinaba correr descalzo por la arena caliente y blanca de la calle principal. Me gustaba ir al río, me gustaba cazar pájaros, me gustaba cortar leña y hasta harrear agua del río hasta la casa.

De niño tampoco entendía por qué dejar todo botado durante una semana, no quería dejar de ver Cartoon Network ni tener que soportar cinco horas sentado en un bus. No entendía el por qué de la ropa nueva, no entendía el por qué de las velas en la iglesia, no entendía el por qué de la procesión, no entendía por qué los hombres se peleaban por cargar la imagen del Santo, no entendía muchas cosas en mi mente de niño.

Mi hijo se llama Máximo, tiene dos años y es la primera vez que va a San Luis. El sábado lo presentaré al Santo Patrono en la misa, pidiendo para él larga vida y salud. El trayecto empieza a desesperarlo y el calor no ayuda mucho a que concilie el sueño: Llora, patalea, se queda tranquilo, juega, vuelve y llora. Lo entiendo, no es fácil estar encerrado durante cinco horas, más si eres un niño y tienes las energías suficientes y las ganas de estar de aquí para allá y de allá para acá. En este momento, siente lo que yo sentía a su edad cuando viajaba con mi mamá.

Cuando era niño, no entendía el por qué de muchas cosas. Cuando fui creciendo, solo me alegraba por no tener que ir a misa todos los días, me alegraba de no tener que levantarme a las cinco de la mañana para estar temprano en el salón de catequesis. Me alegraba poder ver a mi abuelo, poder jugar con su cabellos blancos, que me pusiera su sombrero vueltiao, que me llevara a ordeñar, poder tomarme la espuma caliente, sobre todo, me alegraba poder hacer lo que nunca hacía en la ciudad. Cuando crecí entendí el por qué de la obligación de volver cada año.

Máximo aun no entiende, no sabe para dónde va ni tampoco por qué. Estoy seguro que si pudiera hablar con fluidez, me reclamaría por mantenerlo aquí en estas condiciones. Me pediría una explicación seria sobre la razón del esfuerzo sobrehumano que implica el viaje. Si lo hiciera, no tendría cómo explicarle, definitivamente es algo que entenderá con el tiempo, supongo que solo el tiempo dará las razones y le explicará el por qué de los viajes.

Antes si el viaje salía bien, llegábamos con mi mamá, siempre en la tarde. Me quitaba los zapatos y salía calle arriba en busca de mi primo Rafael. Se me olvidaba todo. El olor a naturaleza que se respira en mi pueblo me impedía recordar todas esas cosas que había dejado atrás en la mañana y que siempre me ocasionaban problemas con mi mamá. Cuando cruzaba la esquina allí estaba él, en la puerta de madera de su casa de barro con una enorme sonrisa y con la mejor ropa que podía tener, para que la tía lo viera bien presentado decía su mamá. En cuanto a mí, me importaba de poco a nada tener los pies zungos y los pantaloncitos de pana llenos de barro.

La carretera negra ha terminado, se acabó el asfalto y puedo ver que todo sigue igual. El único avance de esta zona, solo está en los discursos de los políticos, en esa retahíla de mentiras con que engañan a la gente y se engañan ellos mismos. Donde se justifican unos a otros su razón de ser. Todo sigue igual, como suspendido en el tiempo, como en una burbuja, como ajeno a lo que pasa más allá, como distante del mundo real, como ensimismado y reacio al cambio. Ahora el calor se mezcla con el polvo, en este punto sigo viendo las mismas cercas de alambre de púas, las mismas casas de barro, los mismos hombres harreando las vacas y por entre los espacios de los árboles hacia el río, los mismos pescadores tirando atarraya y recogiendo los trasmallos. Las tardes en este lugar siempre están llenas de gritos, vacas, chivos y hombres a caballo, igual que hace 10, 20 ó 50 años.

De la gente que antes me miraba, me abrazaba, «cuánto has crecido», «te pareces a tu tío», «dónde está tu mamá», «¿cuándo llegaste?», «¿cuándo te vas?», me decían aquí, me decían allá, muchos han muerto y otros están tan viejos que tal vez ya no me reconozcan. Recuerdo que con Rafael corríamos de un lado a otro sin control: íbamos al río, íbamos a la gallera, caminábamos hasta la ciénaga, nos metíamos en el corral del «cachaco» González, le tirábamos piedras a las vacas, la noche nos sorprendía con unas energías enormes que teníamos que guardar para el día siguiente. Mi primo Rafael se iba a regañadientes, pero me prometía llegar temprano para ir con papá a ordeñar. Ya mi primo nunca más me esperará en la puerta vestido de gala, ahora es un hombre y tiene responsabilidades para con su familia, ni siquiera sé si pueda verlo esta semana, me han dicho que está pescando y que regresará tal vez el lunes o martes.

Máximo se despertó a las cuatro de la mañana. Casi que a tientas y alumbrando el camino con un foco de mano, mi abuelo nos llevaba hasta el puerto donde está su canoa. Mi hijo nunca ha estado tan cerca de tantas cosas. Su mamá se ha encargado de dejarlo bien cubierto, cuidándolo del sol, los mosquitos, las avispas. Se ha quitado todo, me mira como pidiendo explicación, como esperando una señal de aprobación. Sublime momento, me parece estar viéndome en él. Antes no entendía el por qué de tantos cuidados para conmigo, si yo era como todos los del pueblo y ellos eran como yo.

El sol lo sorprendió tomando espuma de leche caliente y sacándole las garrapatas a un perro pequeño que hay en la finca de mi abuelo. Luego correteó las gallinas, los pavos, los chivos, podía ver en su cara la felicidad, el placer de hacer algo nuevo y hasta hoy extraño. Lo llevé conmigo, recogimos maíz, arrancamos yuca, buscamos patillas y cortamos leña mientras mi abuelo tomaba café.

La finca de mi abuelo son dos islotes enormes que se levantan en una de las ensenadas de la ciénaga de Sura. Desde la parte más alta, donde está el racho de palma y barro a especie de garita, se ve toda la laguna. Su agua es verde y tranquila. También se ve el tanque elevado que hace las veces de acueducto del pueblo y hasta los carros que pasan por la carretera angosta y pedregosa que lleva hasta la cabecera municipal. Tiramos piedras al agua, gritamos y gritamos y nos maravillamos con el eco que se propaga por todos los rincones de la pequeña ciénaga. Volví a ser aquel niño que se fue un día, dejando todo esto atrás, buscando un mejor futuro.

Los días avanzan lento, tan lento como el progreso, y los actos que anuncia la cartulina que está en la puerta del billar también avanzan lento. En la mañana del jueves los atarrayeros han hecho lo suyo. Se han burlado de algunos y se han sorprendido con otros, pero al final desde que tengo uso de razón, Julio Mendoza se ha llevado siempre el primer puesto. También se ha cumplido la carrera de canoas, para la prueba, el pueblo entero se aglomera en torno a la muralla, que protege a la población de las aguas turbias del caudaloso afluente que lo inunda casi que por completo el mes de diciembre. Una gran caravana de canoas sube hasta el llamado Cerro de Los Cocos, que otrora era el punto más alto del pueblo, y que por efectos de la erosión del agua es hoy día sólo un pequeño barranco donde los niños se lazan de cabeza al agua. De ahí los intrépidos competidores, emprenden una lucha contra la corriente a canalete limpio buscando llegar a la meta.

La carrera de encostalados, luego la carrera de gatos, luego la carrea de bicicletas y luego a esconderse de la gigantona. La gigantona es una muñeca enorme que recorre las calles «buscando niños groseros». Los viernes a las doce del medio día, por las calles polvorientas y angostas de mi pueblo, no se ve ningún niño. Se oyen los ladridos de los perros y uno que otro llorando al verla pasar por la puerta de su casa. Que haya miedo es la gracia, que los niños teman a la gigantona es su razón de ser. Por eso sale el viernes, para el sábado ir a la iglesia a consagrase y recibir la bendición del cura. Por eso nadie dice que es un muñeco y que Cayetano Villamizar es el que va debajo de él. Yo le temí y ahora Máximo también le teme. Me mira con cara de extrañeza, busca en mí protección y también una respuesta, pero no la tengo, no sé qué decirle y sé que no podrá entender el simbolismo de las cosas a su edad.

Detrás de la gigantona viene la «papayera», siempre han dicho que fiestas patronales sin papayera, no son fiestas patronales. Ya Máximo está más tranquilo e imita al tipo que toca el redoblante, mueve velozmente sus brazitos como tratando de sacar sonido en el vacío. Lo extraño de estas fiestas, es que no ha habido peleas. Las peleas son parte importante de la cultura de mi pueblo, aquí las diferencias se arreglan a las trompadas.

Los actos siguen avanzando en la plaza, los grupos de teatro y las danzas han hecho sus números. Estamos aquí a la espera del cura, en algún momento el monaguillo sonará la campana y el pueblo entero se rendirá a los pies del Santo Patrono. La iglesia deja ver los estragos del río, las paredes lucen percudidas, aun conservan ese color marrón característico del agua revuelta del Magdalena. Asumo que la gente se aburrió de pintar en octubre, para que se manche en diciembre. Tal vez ha sido una decisión acertada, tal vez no, pero ya nunca más volverán a pintar la iglesia.

El tercer sábado de octubre, es el único día del año que esta pequeña iglesia se llena de gente. El cura es un tipo bajito, más bien amarillo, con gafas y una voz ronca que parece salida de una película de terror. Su sotana es de un morado pálido por el uso y el monaguillo, parece que lo único que le gusta de la misa, es la hora de las limosnas, se muestra activo y sonriente. El resto de la misa estuvo más atento a mirar por la ventana que a prestar atención al sermón.

Ya estamos en la fila, la ceremonia es sencilla, nos arrodillamos y el cura le hace la señal de la cruz en la frente diciendo: Máximo, que el santo patrono San Luis Beltrán te de salud y larga vida. Ahora empieza la pelea, es el momento donde los hombres del pueblo luchan por el privilegio de cargar al santo en sus hombros. Pasa todos los años y la solución siempre es la misma: el cura llama a los más alejados de la discusión. No aprenden, pienso para mis adentros, pero cargar al santo es un privilegio que solo unos pocos tienen y que en términos generales, significa mucho.

La caravana recorrerá las tres calles del pueblo. Delante irá el santo, detrás el cura con un megáfono hablando de esto, hablando de aquello y balbuceando algunas oraciones en latín y detrás la gente: ancianos, adultos, jóvenes y niños. Entrada la noche, el santo llegará de nuevo a la iglesia, que se iluminará de velas y se dará inicio a la fiesta: sonará la música, se beberá Ron Caña y se bailará de forma convencional, hasta que Ariel Padilla levante su lánguida humanidad de dos metros 20, baje los tacos del transformador y deje al pueblo entero en tinieblas.

Las luz amarillenta de la luna llena ilumina la plaza, la gente se aglomera mientas a lo lejos se escucha el tenue sonido de una flauta de millo que avanza lentamente en busca de la multitud. El grito entusiasta de un bailador emocionado no haya respuesta dentro del grupo y se pierde, se va con la corriente de aguas turbias del río Magdalena. Pedro Cuevas sigue avanzando con su flauta, montado en una carretilla que sus dos hijos menores hacen andar a un paso cansino. De seguro ellos también tocarán la flauta en las fiestas venideras, en los pueblos las profesiones se heredan, de cierto modo estás obligado a mantener la tradición, estás obligado a ser lo que fue tu papá, tu abuelo y tu bisabuelo.

Cuando el viejo llega en su carretilla, la gente le hace reverencias, le muestra cariño y a la vez respeto, prenden las velas, arranca la música y arranca también el baile. Los círculos se agrandan, se funden en uno solo y poco a poco el hombre de la flauta va quedando en medio. La primera tanda en la plaza, se acaba cuando se acaban las velas. El viejo para, hasta que la única luz que haya sea la de la luna. Se levanta la arena, el enamorado aprovecha y galantea a su dama y así no lo quieras, de un momento a otro, atraído como por un mágico encanto estás bailando alrededor de la flauta.

De una mochila de fique, uno de sus hijos le sacará una botella de ron y la música no iniciará hasta que este considere que es necesario. La gente mientras tanto, se va ubicando como en la tarde, a manera de procesión. Cuando el viejo vuelve a tocar la flauta, sus hijos hacen andar la carretilla y la gente tras él enciende las velas, la caravana por la calle central con las velas arriba parece un río de fuego, los viejos que ya no bailan, los niños y las mujeres embarazadas, se conforman con ver el espectáculo por la ventana. Cada sábado de las patronales, la rutina es la misma.

Llegarán hasta el campo de fútbol, allí hay más tierra que en la plaza y el polvo se levanta a medida que aumenta el ritmo del baile. La música sonará hasta el alba, con los primeros rayos del sol se acaba el espectáculo, se acaban las velas, se acaba el ron y se acaban las patronales. El otro año, el segundo domingo de octubre, Fernando Meléndez saldrá con su vaca loca llena de pólvora dando inicio a las festividades, el otro año el segundo domingo de octubre estaremos nuevamente aquí. El otro año, el segundo domingo de octubre, sé que Máximo podrá recordar lo que fue este año y estará contento de poder ver y hacer lo que hizo esta semana.

Mi mamá mantuvo viva mi conexión con mi gente, con mi tierra, con mi cultura, con el río y con mi santo patrono. Yo haré lo mismo, Máximo, sus hijos y los hijos de sus hijos, vendrán a las Fiestas Patronales, cada año de su vida hasta el fin de los tiempos. 

sábado, 16 de noviembre de 2013

La culpa es de todos


Opinión
Por: José David Pacheco Martínez

Hoy como muchas otras veces, el gremio de mototaxistas de Santa Marta, alteró el orden público, por la promulgación de un decreto que prohíbe el parrillero hombre. Hoy en redes sociales y en la calle, no escuché esas voces que siempre salen en defensa de esas pobres personas que no tienen trabajo, hoy todos esos algún día defensores, por fin se dieron cuenta del vandalismo disfrazado de protesta.

Pero, la culpa no es solo del Alcalde Caicedo por la laxitud con la que ha tratado este, que es un problema serio de movilidad, causante de un sinnúmero de accidentes día a día; la culpa es también de la Policía de Tránsito y esos  patrulleros para los que la educación en las escuelas de formación, les vale 50 mil y hasta menos, por permitir irregularidades y  no hacer cumplir los decretos promulgados para meter en cintura a estos comprobados nefastos personajes motorizados; de la culpabilidad, tampoco escapa la sociedad samaria que recurre a ellos sabiendo todas las implicaciones, tanto para quien monta de parrillero, como para el transeúnte de a píe, muchas veces afectado.

De la responsabilidad de la actual situación, no escapan medios y periodistas que a su tiempo, demeritaron las oportunidades de estudio ofrecidas por la administración distrital. Ahora que la situación se ha salido de control, se lavan las manos y dicen no se han hecho cosas para solucionar la problemática.

No es posible, inconcebible que 3 mil o 4 mil desadaptados, que nunca acatan las normas, afecten a los otros 497 mil samarios. Por unanimidad, la gente pide ya una solución. Desde mi óptica, la única forma de hacerle frente, es con medidas de choque. Es hora de revisar las actuaciones de todos: Alcalde, Policía, Sociedad y Medios de comunicación. Todos de una forma u otra, somos responsables de lo que está pasando.

viernes, 15 de noviembre de 2013

En Santa Marta el dinero de las regalías se va por la alcantarilla.

Así luce la calle 22 en tiempos de invierno: como un río caudaloso.

Un niño se dispone a disfrutar de un baño, sin saber el gran riesgo que corre, debido al alto grado de contaminación de la bahía de Santa Marta.
Este artículo fue publicado en el 2012 por Barranquillabierta.com y  realizado en el marco del curso Tras la pista de los dineros públicos, adelantado por Consejo de Redacción, Pnud, Universidad Javeriana, La silla vacía, Knight Center, Open Society, International  Center For Journalists entre otros. En esta investigación se muestra cómo se despilfarraron los millonarios recursos que entraron a la ciudad, lo traigo a colación hoy que ya el embarque de carbón se hace en otro lado y por lo visto, nadie responderá por los daños ambientales que sufrió la bahía de Santa Marta durante los años que se embarcó carbón en la ciudad. Ahora que ya el problema se lo llevaron para otro lado ¿qué pasará?

La falta de vigilancia y control sobre los millonarios recursos, han permitido que éstos sean utilizados de manera folclórica y muchas veces, para fines ajenos a los establecidos por la ley, dejando de lado el tema medio ambiental.

Por: José David Pacheco Martínez

Santa Marta, recibe dineros de regalías, por ser uno de los principales puertos de embarque del carbón extraído en La Guajira y Cesar.  Según el Sistema de Información Minero Colombiano (Simco), la ciudad ha recibido por este concepto desde el año 2004 la suma de 77.274.050.707 de pesos. De esta cantidad ni un solo peso se destinó a la mitigación de los daños colaterales que deja el embarque y almacenamiento del mineral en el puerto y la bahía.

La guía ambiental para transporte de carbón realizada por la Corporación de Investigaciones de Colombia – PROCOLOMBIA y disponible en http://www.minambiente.gov.co/documentos/guia_ambiental_transporte_carbon.pdf , es enfática en afirmar que “el material particulado (como el carbón) es uno de los contaminantes atmosféricos más sobresalientes a nivel mundial, con la innegable dificultad que existe de poder ser cuantificado, especialmente aquel que se origina por las fuentes naturales, cuya magnitud se estima que puede llegar a ser hasta veinte veces mayor que la de las emisiones antropogénicas.”

Los proyectos de gran envergadura financiados bajo el antiguo sistema de regalías, están en su gran mayoría referidos al tema de saneamiento básico y alcantarillado y en los cuales, se invirtieron más de 20.000 millones de pesos. Hay otra gran cantidad de proyectos relacionados con alumbrado público, la mayor parte de ellos, fueron desechados por presentar propuestas con sobrecostos y documentos que no se ajustan a los requisitos establecidos por la ley, que se pueden verificar en la página de la Unidad de Planeación Minero Energética http://www.upme.gov.co/fondos/fondosavanzada.aspx .

Las grandes inversiones que se han hecho para mejorar el tema de saneamiento básico y alcantarillado, no se ven, ni en la zona donde fueron ejecutadas, barrios Bastidas, quebrada Bureche, sector Gaira, Rodadero Sur y Los Fundadores, que siguen viviendo el mismo problema de siempre, ni en la  ciudad misma, que colapsa en época de invierno, las calles se convierten literalmente en ríos que arrastran las basuras y todo lo halla  a su paso hasta el mar, convirtiéndose, en uno de los factores más importantes de contaminación para las playas.

Con el fin de evitar la contaminación excesiva a la que está expuesta el puerto de Santa Marta, y también, los accidentes con las barcazas, que han sido frecuentes durante el tiempo de operaciones; El ministerio de Medio Ambiente expidió el decreto 3083 de 15 de agosto de 2007, el cual reglamenta que “a partir del 1 de julio de 2010, en todos los puertos marítimos del país el cargue de carbón en naves se deberá hacer a través de un sistema de cargue directo, utilizando para ello bandas transportadoras encapsuladas u otro sistema tecnológico equivalente. El sitio de embarque será el más próximo a la línea de playa que evite el fondeo para el cargue, mediante la ejecución de dársenas, zonas de maniobra y canales de acceso adecuados ”.

A pesar de lo serio del asunto y de las formalidades que lo reglamentan, en la ciudad la empresas encargadas del transporte del mineral, siguen utilizando barcazas para el almacenamiento y un Banana Spout para hacerlo llegar a los buques cargueros, es decir, se sigue haciendo de forma artesanal, obviando los estándares establecidos por el Ministerio del Medio Ambiente, que tienen como propósito impedir que residuos  queden flotando en el aire y posteriormente por efectos de la brisa lleguen hasta el fondo del mar y la playa .

Para Alfonso Escobar Nieves, biólogo y el primero en hacer un estudio científico sobre la contaminación en la bahía de Santa Marta, el problema más grave que afronta la ciudad en esta materia, es la falta de un centro de monitoreo más avanzado y un equipo profesional dedicado a hacer estudios en periodos de tiempo más cortos. Hoy, los estudios que realizan las universidades, toman muestras cada dos meses y los de Invemar (Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras), cada seis, lo que según él, no permite determinar la contaminación real.

“Que la oficina principal de Invermar quede dentro de las instalaciones del puerto, deja muchas dudas sobre la imparcialidad en los resultados de los estudios de impacto ambiental”, señala Escobar Nieves, quien además se plantea la incógnita sobre ¿cuán grave es el problema?, teniendo en cuenta que han pasado más de treinta años desde las primeras evidencias de contaminación, la suma de otros agentes contaminantes a la bahía.

La Contralora Sandra Morelli, sostiene que “hay mal manejo de aguas, transporte descubierto de carbón, barcazas no permitidas en la zona. Cuando vierten el carbón en estas viejas embarcaciones con banderas de países muy raros, están contaminando playas y mar ”, el último informe  del ente controlador denuncia en uno de sus párrafos, la forma como las empresas encargadas del carbón manipulaban los informes de calidad de aire y niveles de contaminación: “se evidenció la falta de autonomía en el uso de los monitores o estaciones, ya que tanto la estación propia del puerto (carbonero) y la estación de la red de monitoreo de la corporación se encuentran ubicadas en el mismo punto y operarios de los puertos tiene acceso a los equipos permitiendo una manipulación de ellos”, sentencia el documento.

No todos tienen las mismas impresiones que el profesor Escobar y el señor Ruiz, Álvaro Sánchez, coordinador de proyectos especiales de la Escuela de Ingenierías de la Universidad Sergio Arboleda, afirma que en algún momento  “tendremos que aprender a convivir con la minería” y que  “la sociedad debe aceptar los impactos que deja la explotación minera, ya que, genera beneficios”. Sánchez refuerza su tesis de los 'Impactos Permitidos', explicando que a través de la historia, la vida del hombre siempre ha estado ligada a la minería y para verificar eso, solo había que remitirse a las edades evolutivas.

La situación actual en materia de calidad de aguas en la ciudad es alarmante, así lo advierte el informe de la Red de Vigilancia de la Calidad Ambiental Marina de Colombia, para el año 2011: “a través de la REDCAM se viene monitoreando la calidad de 18 playas, de las cuales el 44 % (8 playas) presentó condiciones inadecuadas para el desarrollo de estas actividades, debido a la presencia de enterococos o coliformes termotolerantes (anteriormente denominados fecales), en concentraciones superiores a los valores de referencia establecidos nacional e internacionalmente”.

De los 20 proyectos que se aprobaron el año pasado en el Magdalena bajo el nuevo sistema de regalías y para los que se cuenta con un presupuesto de 10.325.417.691 de pesos, ocho de éstos, están referidos al tema de transporte y adecuación de vías, para los cuales se invertirán 479.275.796.305 de pesos; tres a inflexibilidades, por valor de 131.366.470.605 de pesos; tres más referidos al tema de vivienda con un aporte de 996.757.201 de pesos; dos a agua potable y saneamiento básico, con un costo de 7.029.165.392 de pesos; uno relacionado con el deporte y la recreación, con un monto de 568.000.000 de pesos y uno más para educación, para el que se destinarán 1.337.912.340 de pesos.

Ninguno de los proyectos aprobados y que se empezarán a ejecutar este año, está referido a la mitigación del impacto ambiental en las playas de la ciudad y en la economía de quienes viven del turismo y la pesca. Según Juan Pablo Ruiz “para mitigar en un mínimo los efectos contaminantes en los puertos de embarque y los daños ocasionados en los pueblos por la minería, se debe invertir en ello  el 25 % del dinero total de las regalías del país”.


Para el sociólogo e investigador samario Edimer la Torre, Colombia empieza a presentar síntomas de la ‘Enfermedad Holandesa’, pues, se está dejando de lado un aspecto importante y relevante como el medio ambiente, para hacer caminar a ritmo de tren bala la ‘locomotora minera’. “la culpa no es de la minería, tampoco es del Estado ni de las regalías, la culpa es sin dudas de las políticas de inversión y los responsables de manejar los dineros y ejecutar los proyectos” concluye.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un acercamiento a esa música que tanto me gusta: la Champeta

Esta carátula de un Lp, demuestra que África y champeta van de la mano. 

Hablar de evolución en la champeta, sería condenarla a muerte, es en palabras simples: romper el vínculo con África.

Por: José David Pacheco Martínez

Un día dije que Kevin Flórez está lejos de ser un cantante de champeta, que sus sonidos discotequeros y lo comercial de sus letras están distantes, quizás a años luz de Elio Boom, Melchor ‘El Cruel’, Charles King o Viviano Torres. Sentí pena, lo confieso, porque a pesar de haber estado inmerso en esa música durante años no tenía una definición exacta de lo que es champeta, por eso me di a la tarea de buscar en la literatura un concepto exacto, que permita sacar del engaño y digámoslo así –aunque suene grosero- de la ignorancia a quienes ubican a Flórez en el gremio de los champeteros.

Si quienes hablan de evolución musical dicen que soy un retrógrada por preferir los acordes de La turbina, El perro que habla, Caballeros del zodiaco, El pato Donald, El ladrón salado, El tren del desorden, Los compadres o La quinceañera, pues lo soy y, además, me niego rotundamente a aceptar que se deje de lado esa esencia negra que está implícita y que es parte fundamental de la champeta.
Me perdonará Kevin Flórez y el mismo Mr Black, que parece descubrió que cantando lo que canta ahora en las discotecas y estadios gana más dinero que en los picós y las casetas; pero ellos no cantan champeta. Y a mi modo de ver son unos oportunistas, que intentan disfrazar sus canciones en éste género, porque el que en realidad hacen está copado por otros con mucho más presupuesto, trascendencia, reconocimiento e industrias musicales mejor estructuradas.

Escuchar champeta de verdad es, al igual que una tambora, una invitación a bailar, una sensación involuntaria e inexplicable que está en la sangre. Es una reacción espontánea a nuestros orígenes negros, un regreso al África, a nuestra verdadera madre patria. Bueno, en este punto, quienes se crean y se sientan descendientes directos de los españoles pueden objetar y salirse de este grupo, que se siente movido por los sonidos del negro esclavo y alegre. No los culpo, ellos tienen sus propias culpas, los descendientes de los ibéricos tendrán toda su vida que cargar con los horrores que sus antepasados hicieron padecer a los verdaderos dueños de estas calurosas y otrora ricas tierras.

La champeta es la expresión musical de los barrios marginales de Cartagena. Pero, hoy en día no es un ritmo exclusivo de la capital de Bolívar ni de sus municipios, corregimientos y veredas.  La influencia de este pegajoso ritmo ha ganado espacio en muchos sectores de la costa Caribe e, incluso, es posible escucharla en la región Pacífica, donde también hay mucha influencia de lo africano y lo negro, sin que se tome lo que digo a modo discriminatorio.

¿Qué es Champeta y de dónde viene?

La respuesta al interrogante que tanto me inquieta la tiene Manuel Hernández Valdés, investigador de la cultura palenquera y nativo de esa población donde se originó todo este movimiento cultural, que va más allá de la música y es independiente al contenido, para algunos vacíos, de sus letras.

Hernández explica que el término champeta es evidentemente una palabra africana, que nace desde los palenques del Caribe hacia el resto del mundo, sin duda, adscrita a la lengua palenquera, entendida y ubicada espacialmente en los Montes de María. 

Champeta es, entonces,  una palabra compuesta por el prefijo cha, que significa viejo; y el sufijo mpeta, que significa pedacito.  Desde esa concepción etimológica, champeta es la unión  entre algo viejo y un pedazo de ese mismo algo, pero, para este caso, se aplica a un cuchillo viejo, largo y afilado, que en algún momento histórico, fue utilizado por los palenqueros que emigraron a Cartagena para arreglar sus diferencias.

Ahora bien, definida la palabra de forma etimológica, paso a un concepto un poco más histórico y que nos aproxime a la música como tal,  para eso –entender de donde viene- y el por qué me atrevo a afirmar que Flórez está muy lejos de ser un intérprete, traigo a colación al historiador Luis Gerardo Martínez Miranda, quien hace una reconstrucción en el tiempo de lo que es la champeta.  Él sostiene que este género musical tiene un sustrato esencialmente africano. Su historia, que es la historia de su resistencia, muestra una extraordinaria capacidad de asimilar otros elementos culturales; que a pesar de la interacción la hacen única.

 En primer lugar, echó raíces en el terreno abonado que dejó la huella de la colonia, en esos tiempos en los que Cartagena se constituyó en el primer puerto de comercio de africanos esclavizados. Es así, como a finales del siglo XX y como oportunidad de negocio, la capital de Bolívar, por razones que saltan a la vista,  se convierte en el punto clave para la comercialización de la música de países africanos como Antiguo Zaire, Sudáfrica y Nigeria. Otro aspecto importante y  que se relaciona con el origen de la champeta  tiene que ver con la presencia masiva de palenqueros en Cartagena, quienes también adoptaron como suya este tipo de música. Fue así como se estableció un puente entre África y San Basilio de Palenque.

Sigo en mi búsqueda de referentes y definiciones, por eso llego hasta Nicolás Contreras, otro de los que se ha dado a la tarea de descubrir el significado y la importancia que tiene la música para esos descendientes africanos. Él la define desde un punto de vista más antropológico: la champeta es mucho más que música y baile, es un movimiento sociocultural que fue llevando poco a poco a Colombia, a reconocer que en cada uno de los 45 millones de habitantes hay algo de negro.

Hasta mediados de los años 60, cuando se popularizó la venta de Long Plays traídos de África, Colombia se había medido como un país andino y no como un país caribeño, manteniéndose reacio a reconocerse dentro de las naciones caribeñas, porque en el Caribe la matriz cultural es enteramente negra, y si nosotros consideramos al Caribe como una ecuación de conjunto, sin duda veremos que la intersección en todo el Caribe es África.

No obstante a que la gran mayoría, de los pocos que se han interesado por el asunto, catalogan y ubican la champeta como una forma de resistencia y una petición de legitimidad, Michael Birembaum rebate todas esas ideas diciendo que “la champeta como cultura y estética no existe tanto como oposición a la cultura dominante sino como una dinámica de expresión popular que se preocupa mucho menos por la cultura hegemónica dominante que por sus propios fines sociales, económicos y estéticos”. Esta afirmación le da un valor agregado al género y  a los ojos de los estudiosos del tema podría generar un debate profundo.  Birembaum se basa en toda esa simbología presente en las letras, los sonidos y hasta el baile para llevar la cosmología de la champeta a otro nivel.

Ahora bien, como hemos visto hasta ahora, esta música además de tener implícito esa nota de alegría y picardía propia del negro, está ligada también a la sensualidad y erotismo del hombre proveniente de África, que se condensa y se expresa en el baile, que Contreras Hernández describe de la siguiente manera: “el baile comenzó en parejas con el abrazo un tanto estrecho de un brazo que rodeaba a la pareja por la cintura y la otra mano entrelazada separada de los cuerpos, pero con los pasos básicos de los estilos de baile (el reloj, el cochero, el policía, la tijera y el taxista, entre otros); hoy tiende a una exploración más cercana del cuerpo enlazado con los dos brazos y el sexo contra sexo, como representación copular”.

Aunque la definición literal de champeta está distante de ese ritmo alegre y con letras que relatan el diario vivir de los sectores más humildes de Cartagena, que desde la rebelión de Domingo Biojó,  la creación y fuga de esclavos a los palenques, se declararon en resistencia.  Todos los que hasta ahora han ahondado en la investigación respecto a esta expresión cultural coinciden en que hasta cierto punto la champeta es una forma de no desconectarse de la madre patria, de un modo u otro se ha convertido en el punto de encuentro de generaciones y generaciones con su esencia, sin olvidar que más que un reclamo es  legitimidad y reconocimiento en sí misma.

Como dice Luis Gerardo Martínez en su trabajo ‘La champeta: una forma de resistencia palenquera a las dinámicas de exclusión de las élites "blancas" de Cartagena y Barranquilla entre 1960 y 2000’: a diferencia de lo que se ha dicho cuando se la califica de retrograda, sin contenido alguno, violenta, de mal gusto o con alto contenido sexual, la champeta como género musical es canal de comunicación entre las clases oprimidas de Cartagena y Barranquilla, por medio del cual salen a relucir todas aquellas inconformidades de una sociedad maltratada por una élite excluyente. Por medio de ella se ha consolidado una identidad que, pese a todos sus tropiezos, sigue viva en cualquier lugar donde residan los champetúos que, para sorpresa de muchos, los hay de todos los estratos y colores de piel.


Ya que pude hasta cierto punto ilustrarme e ilustrar a quienes me lean sobre lo que es y significa la champeta para los champetúos de verdad, esos que van más allá de la industria musical y el poder de su dinero, para esos que la perciben como un punto de contacto y el cordón umbilical con África, quiero preguntarle a Kevin Flórez y Mr Black ¿Qué es para ellos champeta? ¿A cuenta de qué o por qué hablan de evolución? ¿Evolución hacia qué o hacia dónde? ¿Qué aportan esos nuevos sonidos  y letras a la concepción real de champeta? ¿Qué queda de la champeta después de los arreglos y estilos que ellos acaban de introducir? ¿Dónde está o quedó el contacto con África? 

Aquí les dejo algunas canciones, para que comparen y saquen ustedes sus propias conclusiones


El Bicarbonato - Charles King



El Pato Donald - Álvaro 'El Bárbaro'



La Turbina - Elio Boom 



El Mete Mono - 'El Pupi'


La invite a bailar - Kevin Flórez 



Fiesta en la noche - Mr Black








domingo, 10 de noviembre de 2013

Dagoberto Mata, de Soldado Profesional a Periodista

Dagoberto Mata (de camiseta rosada) y yo (de negro) en el corregimiento de Minca en un excursión fotográfica.

Para muchos, tal vez para la mayoría de los alumnos de la universidad Sergio Arboleda de Santa Marta, Dagoberto Mata pasa desapercibido. A esos muchos quizás les parezca raro y hasta gracioso el “tumbao” que tiene al caminar, sin saber que lo obtuvo defendiendo la patria. Defendiendo sus vidas, mi vida, nuestras vidas. Nadie nunca entenderá lo que queda en la mente de un militar retirado.

Por: José David Pacheco Martínez

A 'Dago'; como le decimos sus amigos más cercanos; lo conocí  un martes por la tarde. Supe que había estado en la milicia porque se burló de mi corte a ras e hizo un par de comentarios, que escuché muchas veces en un colegio militar en el que estudié hace ya mucho tiempo.

Hay cosas más importantes en la mente de un héroe anónimo que aprender inglés. Se le dificultaba: escribir, leer, oír, entender y mucho más aun, hablar el idioma de la tierra del Tío Sam. Compartimos aula y de un modo u otro, gracias a la cercanía con él, aprendí y sentí en carne viva lo que es ser mutilado, lo que es perder una parte esencial del cuerpo por una mina, lo que es ser víctima de la guerra.

Manchas de sol en la cara, cicatrices en el cuerpo, un hablado fuerte, claro y preciso le quedan aún, muchos años después de su retirada del glorioso Ejército Nacional. Es noble, responsable y muy a pesar de que lo sucedido en el monte, cambió el rumbo de su vida de una manera drástica, en sus ojos claros y conversaciones agradables no hay una sola gota de resentimiento.

La historia del soldado profesional Dagoberto Enrique Mata Daza, se remonta al día 25 de agosto de 1985, fecha de su nacimiento. Y, se ubica espacialmente en el corregimiento Loma Colorada, que pertenece al caluroso municipio de Bosconia, Cesar. Por ahí mucha gente pasa, pero, son pocos, muy pocos los que se quedan. Y es que es  difícil estar allí más de una hora. La temperatura normal oscila entre  35 y 40 grados centígrados a la sombra, con muy pocas probabilidades de que se baje en algún momento.

Creció viendo pasar de un lado a otro de lo que es la calle principal de su pueblo: taxis, buses, microbuses, camiones y tractomulas que se dirigen al interior del país. Su niñez fue la niñez normal de un niño de provincia, el colegio por las tardes y en las mañanas el monte. Pero, la suya, tenía algo diferente, el estudio era de mañana y las labores eran por las tardes. Ordeñaba vacas, marcaba terneros y lidiaba con toros resabiados; que nunca faltan en un hato ganadero sin importar su tamaño.

Camino a la escuela

Estudiar en una escuela rural, es difícil. De eso no cabe la menor duda. Los caminos para llegar a ella son siempre hostiles, empantanados, a veces enmontados y muy frecuentemente la ruta más fácil para llegar a ellas es atravesando potreros llenos de ganado. Si a eso se le suman problemas extras como: la poca presencia de maestros y las precarias condiciones en que se encuentran esos centros educativos,  los implementos y pupitres, asistir a clases es un verdadero acto de fe y compromiso con a educación.

Dagoberto atravesaba en una vieja bicicleta, los portones de las fincas por las que tenía que pasar hasta llegar a la escuela de su vereda. Con él iban muchachos de otras haciendas y el trayecto se hacía agradable.  Los caminos de barro amarillo se hacían intransitables hasta para las bestias los días en que llovía. Cuando eso pasaba, tenía que recorrer los siete kilómetros a pie. En otras ocasiones la lluvia los sorprendía a medio camino y los útiles se dañaban por el agua. “como fuera llegaba a mi clase, no me importaba llegar mojado, escurriendo agua, siempre y cuando pidiera dar clases” dice con voz enérgica.

Cuando los paramilitares se apoderaron de los departamentos de La Guajira, Magdalena y Cesar, el bloque que operaba por su vereda, hizo tristemente célebre un tramo del recorrido, eran tan frecuentes las acciones que lo llamaban “El callejón de los muertos”.  “A nosotros nos veían como personas conocidas. Era nuestra ruta de llegada al colegio. A veces encontrábamos a personas recién asesinadas, en otras ocasiones los encontrábamos (a las AUC) robando y otras más, sacando gente para matarla” recuerda Dagoberto con precisión.

Aludiendo razones de peso; “no veía mi futuro en el campo” agrega secamente, ‘Dago’ decide dejar de estudiar en la vereda. Cursaba séptimo de bachillerato y se traslada entonces a Bosconia, donde alternaba el trabajo de ayudante de albañilería o cualquier otra cosa que saliera, con el estudio por las noches. A punta de esfuerzo  y muchas ganas logró sacar adelante el bachillerato que tan difícil se le presentó en Loma Colorada.

Vistiéndose de camuflado

‘Dago’ viaja a Bogotá, en busca de un mejor futuro. Ahí consigue trabajo en uno de los tramos de la tan polémica calle 26. El frío,  las condiciones y exigencias del duro oficio de albañil lo enfermaron. Llagas en sus dedos le impidieron continuar. Tardó días en conseguir un nuevo empleo y el desespero de no tener dinero en una ciudad como la capital del país, lo azotó tan fuerte que optó por enrolarse en el Ejército Nacional.

Ese mismo día lo llevaron a la Escuela de Logística del Ejército. Allí recibió entrenamiento militar y soportó todo su tiempo de servicio el frío agobiante de los cerros del barrio San Cristóbal. Como él mismo lo dice “si no es por el frío y los turnos de centinela a las tres de la mañana, el servicio en ese centro de instrucción, fuera el más fácil del país”.

Su labor y la del contingente, era la prestar guardia en el centro de abastecimiento de las fuerzas militares. El lugar donde se entregan las municiones, camuflados y todos los implementos de uso privativo de la institución. Lo fácil del asunto y por lo que este primer momento del soldado Mata vestido de militar, resultó como lo afirma,  “relajado” fue el hecho de no tener que patrullar: dar esas largas caminatas, que si hacían los soldados en otros lugares de la convulsionada Colombia.

Con un año de servicio y después de un intento fallido, logra pasar de las filas regulares, a un entrenamiento profesional. El 5 de octubre de 2005 junto a varios de sus compañeros de batallón, se traslada hasta Nilo, Cundinamarca. Lugar donde desde 1999 funciona la Escuela de Formación de Soldados Profesionales del Ejército (ESPRO).  Allí lo sorprendió la manera en que se entrena a los soldados. Una mezcla de humanismo, valores militares y un sistema de calificación estricto, que puede dejar por fuera de las filas a muchos. Dos meses duros de entrenamiento físico  y exámenes teóricos, que terminan con el solemne evento de juramento a la bandera. Acto donde el soldado ofrece dar su vida por mantener la soberanía nacional.


Según la página de internet de la Escuela de Formación de Soldados Profesionales del Ejército (ESPRO), En el año 2005, bajo el mando del Señor Teniente Coronel Javier Orlando Parra Benítez, se graduaron los cursos de Formación de Soldado Profesional números 16, 17 y 18. Formando 3.764 Soldados Profesionales. Los cuales fueron designados para completar las T.O.E (Tablas de Organización y Equipo) de las unidades del Ejército y fundar las Brigadas Móviles números 14 y 15. Entre esos 3.764 estaba Dagoberto.


Los combates y el accidente

Su curso era el 18 y pertenecía a  la Brigada Móvil 15. El día 17 de diciembre, juró bandera y el cuatro de enero se hizo presente en la escuela. “el 20 de enero de 2006 llegaron los camiones y cerca de 1500 hombres fueron transportados de a 30 por camión” agrega. En la oscuridad de la noche, los soldados recién graduados fueron llevados hasta el lugar que sería su nueva casa. A medida que avanzaba la caravana, las compañías se iban quedando en el camino, buscando su  centro de operaciones.

“a mí me bajaron junto con 119 más, después de dos días de camino, en la mitad de Ocaña y Cúcuta” recuerda con claridad. Esa zona es un corredor estratégico de la guerrilla de las Farc, ya que, pueden cruzar la frontera e internarse en las selvas de Venezuela. Cuatro reinsertados que hacían las veces de guía, los llevaron sin mayores contratiempos hasta La Victoria, Norte de Santander.

Los cerros empinados, la neblina, los hostigamientos y el miedo a caer en un campo minado, los hicieron quedarse en ese lugar más de lo previsto. Dagoberto, pensó toda esa noche bajo el inclemente aguacero que lo recibió en su primer día de patrullaje, lo que vendría más adelante. Los intercambios de disparos serían frecuentes,  por las mañanas el despertador sería el grito de algún herido o los rafagazos de los fusiles enemigos.

Al pueblo donde se dirigían, había sido según dice, tomado por la guerrilla en años anteriores y que las amenazas de volver a tomarlo eran frecuentes, tan frecuentes como los combates y hostigamientos. Era el cuarto en la línea de fuego, por ende tenía que ir delante del grupo, su función era la de dar municiones al artillero número uno.

“Mientras estuve en el Ejército, nunca temí de los enfrentamientos, nunca temí a los disparos, mi único temor eran las minas” dice, al recordar lo difícil que fue su primera jornada de patrullaje. Las minas antipersona o quiebra pata, han sido utilizadas con frecuencia por los grupos insurgentes, a pesar que fue el Ejército quien empezó a utilizarlas en la década de los 90s, para resguardar de ataques sus principales centros de operaciones.

Según cálculos del Comité Internacional de la Cruz Roja, en el mundo, alrededor de 2.000 personas sufren mensualmente accidentes por minas, es decir, una cada 20 minutos. De ellas mueren cerca de 800 y el resto quedan con algún tipo de invalidez permanente. Las víctimas son en su gran mayoría hombres, en muchos casos soldados.

Después de sacar a un herido y esperar que desactivaran un campo minado con el que se habían topado, las dos compañías aguardaban jugando cartas el momento de seguir avanzando. En ese punto, habían tenido ya, cerca de tres combates y un herido por mina.  El 67,6% de los muertos y el 81,6% de los heridos son soldados voluntarios, mientras que el 8,8% de los muertos y el 4,2% de los heridos eran soldados regulares. Más de la mitad de los muertos y la casi totalidad de los militares heridos (57,1% y 95.8% respectivamente) se hallaban en situación de combate en el momento del accidente, según la Secretaría Técnica en Salud, del Ministerio de Defensa Nacional.

El 16 de junio a las 11 y 30 de la mañana, día y hora del incidente “jugábamos cartas esperando la orden de seguir, junto a mi habían tres compañeros, uno se levanta y en un intento por acomodar la pierna activo la mina. Quien se había levantado, salió volando y el otro quedo parcialmente desubicado por el sonido de la detonación y la pólvora que le cayó en los ojos, en primera instancia pensé que era un cilindro bomba; intento ponerme en píe para buscar mi fusil y me fui de cara contra la tierra, fue en ese momento en el que supe que había pisado una mina”  cuenta con naturalidad pasmosa, lo que vino después, fue un intento desesperado para contener la sangre y recibir el apoyo helicoportado para trasladar a los heridos.

En Colombia la cifra de heridos es alarmante

Colombia es el segundo país del mundo, después de Afganistán, con el mayor número de víctimas de esos artefactos explosivos. En el periodo 1990 a 2013, se registraron un total de 10.542 víctimas por MAP y MUSE. De éstas, el 39% (4.067) son civiles y el 61% (6.475) miembros de la Fuerza Pública. Y, entre enero y septiembre de 2013, se registraron un total de 305 víctimas, 132 (43%) civiles y 173 (57 %) militares, según datos del Paicma, Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonal.

Esas estadísticas dan cuenta que del total de víctimas reportadas en ese mismo periodo de 13 años, el 79% (8.369) resultó herida y el 21% (2.150) murió. De los 4.052 afectados civiles, 3.269 (81%) resultaron heridos y 783 (19%) murieron. De los 6.467 miembros de la Fuerza Pública afectados, 5.100 (79%) quedaron heridos y 1.367 (21%) fallecieron.

Entre enero y septiembre de 2013, 107 civiles y 147 miembros de la Fuerza Pública quedaron heridos; 13 civiles y 18 miembros de la Fuerza Pública murieron. A pesar de los múltiples esfuerzos y el empeño mostrado por el Estado colombiano para erradicar totalmente las minas, esa meta parece estar cada vez más lejos. Las anteriores, son cifras que sin duda piden una revisión urgente a las políticas con las que se está tratando este tema. 

La recuperación y su vida de estudiante

En la clínica Carlos Ardila Lulle de Bucaramanga, fue intervenido quirúrgicamente para amputar parte de su pierna. Fueron tres operaciones para acomodar los huesos sobrantes de la Tibia y el Peroné de forma tal que no rozaran con la prótesis que tendría que utilizar de ahí en adelante. Dos meses de recuperación en el batallón de Ocaña, le bastaron para asimilar su nueva pierna y también sirvieron para aclarar muchas dudas en su cabeza y pensar lo que sería ahora su vida lejos del monte, la guerrilla, los fusiles y sin el camuflado.

El 5 de  noviembre, con la entrega, empieza su proceso con la prótesis. Las ganas mostradas antes, le facilitaron  volver a caminar. El médico ortopedista le dio de alta más rápido de lo esperado. La ayuda psicológica que le prestaron, le mostró que hay cosas más allá de la milicia, razón por la cual decide entonces estudiar.

Primero se le pasó por la mente Medicina Veterinaria, por eso de que en su niñez estuvo siempre rodeado de animales y el campo. Pero, pudo más esa increíble afición que de muy chico tuvo por la radio, y terminó matriculado en el programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Sergio Arboleda, sede Santa Marta, donde cursa noveno semestre.

El cinco de abril del presente año, más de uno, más de diez, más de cincuenta, llegaron con la bota del pantalón arriba como gesto de solidaridad con las personas que como él, han sido víctimas de la guerra. “uno nace para ser lo que es y nada lo cambia. Yo nací para ser soldado y siempre lo seré. Si volviera a nacer, volvería a ser Soldado Profesional del Ejército Nacional de la República de Colombia”  dice con orgullo.

Anexo
Tipos de Mina
Descripción
Mina tipo sombrero chino

Provistas de metralla y con un gran poder explosivo se utilizan para emboscadas sobre las vías por donde se movilizan las tropas. Se les instala en barrancas a una altura de 80 cm

Mina cumbo

Utilizada en áreas boscosas, se le instala en las ramas de los árboles a una altura de 50 cm. La metralla que contiene se esparce en todas direcciones al detonar la mina

Mina antivehículo

Se le utiliza para destruir e inmovilizar
vehículos de transporte de tropas.
Instalada en carreteras, contiene un cono acumulativo que se dirige hacia el sitio por donde va a pasar el vehículo

  Mina tipo costa

Se utiliza para realizar emboscadas en
movimiento. Activada mediante un sistema ineléctrico, se le lanza desde un sitio alto contra las tropas.

Anexo: tipos de mina utilizadas en Colombia. Fuente de información: Ejército Nacional.

Aclaración:
¿Qué es una Mina Antipersonal (MAP)?

Según el Glosario Nacional de Términos para la Acción Integral contra Minas Antipersonal, por "mina antipersonal" se entiende toda mina concebida para que explosione por la presencia, la proximidad o el contacto de una persona, y que en caso de explosionar tenga la potencialidad de incapacitar, herir y/o matar a una o más personas. Las minas diseñadas para detonar por la presencia, la proximidad o el contacto de un vehículo, y no de una persona que estén provistas de un dispositivo antimanipulación, no son consideradas minas antipersonal por estar así equipadas.

Nota: Las minas diseñadas para ser detonadas ante la presencia, proximidad o contacto con un vehículo, a diferencia de con una persona, que se encuentran equipadas con dispositivos antimanipulación, no son consideradas como minas antipersonal por el hecho de estar equipadas con ese dispositivo.

¿Qué es una Munición sin Explotar (MUSE)?

Según el Glosario Nacional de Términos para la Acción Integral contra Minas Antipersonal, es toda munición explosiva que ha sido cargada, su fusible colocado, armado o por el contrario preparada para su uso o ya utilizada. Puede haber sido disparada, arrojado, lanzado o proyectada pero que permanece sin explotar debido ya sea a mal funcionamiento, al tipo de diseño o a cualquier otra razón.