domingo, 10 de noviembre de 2013

Dagoberto Mata, de Soldado Profesional a Periodista

Dagoberto Mata (de camiseta rosada) y yo (de negro) en el corregimiento de Minca en un excursión fotográfica.

Para muchos, tal vez para la mayoría de los alumnos de la universidad Sergio Arboleda de Santa Marta, Dagoberto Mata pasa desapercibido. A esos muchos quizás les parezca raro y hasta gracioso el “tumbao” que tiene al caminar, sin saber que lo obtuvo defendiendo la patria. Defendiendo sus vidas, mi vida, nuestras vidas. Nadie nunca entenderá lo que queda en la mente de un militar retirado.

Por: José David Pacheco Martínez

A 'Dago'; como le decimos sus amigos más cercanos; lo conocí  un martes por la tarde. Supe que había estado en la milicia porque se burló de mi corte a ras e hizo un par de comentarios, que escuché muchas veces en un colegio militar en el que estudié hace ya mucho tiempo.

Hay cosas más importantes en la mente de un héroe anónimo que aprender inglés. Se le dificultaba: escribir, leer, oír, entender y mucho más aun, hablar el idioma de la tierra del Tío Sam. Compartimos aula y de un modo u otro, gracias a la cercanía con él, aprendí y sentí en carne viva lo que es ser mutilado, lo que es perder una parte esencial del cuerpo por una mina, lo que es ser víctima de la guerra.

Manchas de sol en la cara, cicatrices en el cuerpo, un hablado fuerte, claro y preciso le quedan aún, muchos años después de su retirada del glorioso Ejército Nacional. Es noble, responsable y muy a pesar de que lo sucedido en el monte, cambió el rumbo de su vida de una manera drástica, en sus ojos claros y conversaciones agradables no hay una sola gota de resentimiento.

La historia del soldado profesional Dagoberto Enrique Mata Daza, se remonta al día 25 de agosto de 1985, fecha de su nacimiento. Y, se ubica espacialmente en el corregimiento Loma Colorada, que pertenece al caluroso municipio de Bosconia, Cesar. Por ahí mucha gente pasa, pero, son pocos, muy pocos los que se quedan. Y es que es  difícil estar allí más de una hora. La temperatura normal oscila entre  35 y 40 grados centígrados a la sombra, con muy pocas probabilidades de que se baje en algún momento.

Creció viendo pasar de un lado a otro de lo que es la calle principal de su pueblo: taxis, buses, microbuses, camiones y tractomulas que se dirigen al interior del país. Su niñez fue la niñez normal de un niño de provincia, el colegio por las tardes y en las mañanas el monte. Pero, la suya, tenía algo diferente, el estudio era de mañana y las labores eran por las tardes. Ordeñaba vacas, marcaba terneros y lidiaba con toros resabiados; que nunca faltan en un hato ganadero sin importar su tamaño.

Camino a la escuela

Estudiar en una escuela rural, es difícil. De eso no cabe la menor duda. Los caminos para llegar a ella son siempre hostiles, empantanados, a veces enmontados y muy frecuentemente la ruta más fácil para llegar a ellas es atravesando potreros llenos de ganado. Si a eso se le suman problemas extras como: la poca presencia de maestros y las precarias condiciones en que se encuentran esos centros educativos,  los implementos y pupitres, asistir a clases es un verdadero acto de fe y compromiso con a educación.

Dagoberto atravesaba en una vieja bicicleta, los portones de las fincas por las que tenía que pasar hasta llegar a la escuela de su vereda. Con él iban muchachos de otras haciendas y el trayecto se hacía agradable.  Los caminos de barro amarillo se hacían intransitables hasta para las bestias los días en que llovía. Cuando eso pasaba, tenía que recorrer los siete kilómetros a pie. En otras ocasiones la lluvia los sorprendía a medio camino y los útiles se dañaban por el agua. “como fuera llegaba a mi clase, no me importaba llegar mojado, escurriendo agua, siempre y cuando pidiera dar clases” dice con voz enérgica.

Cuando los paramilitares se apoderaron de los departamentos de La Guajira, Magdalena y Cesar, el bloque que operaba por su vereda, hizo tristemente célebre un tramo del recorrido, eran tan frecuentes las acciones que lo llamaban “El callejón de los muertos”.  “A nosotros nos veían como personas conocidas. Era nuestra ruta de llegada al colegio. A veces encontrábamos a personas recién asesinadas, en otras ocasiones los encontrábamos (a las AUC) robando y otras más, sacando gente para matarla” recuerda Dagoberto con precisión.

Aludiendo razones de peso; “no veía mi futuro en el campo” agrega secamente, ‘Dago’ decide dejar de estudiar en la vereda. Cursaba séptimo de bachillerato y se traslada entonces a Bosconia, donde alternaba el trabajo de ayudante de albañilería o cualquier otra cosa que saliera, con el estudio por las noches. A punta de esfuerzo  y muchas ganas logró sacar adelante el bachillerato que tan difícil se le presentó en Loma Colorada.

Vistiéndose de camuflado

‘Dago’ viaja a Bogotá, en busca de un mejor futuro. Ahí consigue trabajo en uno de los tramos de la tan polémica calle 26. El frío,  las condiciones y exigencias del duro oficio de albañil lo enfermaron. Llagas en sus dedos le impidieron continuar. Tardó días en conseguir un nuevo empleo y el desespero de no tener dinero en una ciudad como la capital del país, lo azotó tan fuerte que optó por enrolarse en el Ejército Nacional.

Ese mismo día lo llevaron a la Escuela de Logística del Ejército. Allí recibió entrenamiento militar y soportó todo su tiempo de servicio el frío agobiante de los cerros del barrio San Cristóbal. Como él mismo lo dice “si no es por el frío y los turnos de centinela a las tres de la mañana, el servicio en ese centro de instrucción, fuera el más fácil del país”.

Su labor y la del contingente, era la prestar guardia en el centro de abastecimiento de las fuerzas militares. El lugar donde se entregan las municiones, camuflados y todos los implementos de uso privativo de la institución. Lo fácil del asunto y por lo que este primer momento del soldado Mata vestido de militar, resultó como lo afirma,  “relajado” fue el hecho de no tener que patrullar: dar esas largas caminatas, que si hacían los soldados en otros lugares de la convulsionada Colombia.

Con un año de servicio y después de un intento fallido, logra pasar de las filas regulares, a un entrenamiento profesional. El 5 de octubre de 2005 junto a varios de sus compañeros de batallón, se traslada hasta Nilo, Cundinamarca. Lugar donde desde 1999 funciona la Escuela de Formación de Soldados Profesionales del Ejército (ESPRO).  Allí lo sorprendió la manera en que se entrena a los soldados. Una mezcla de humanismo, valores militares y un sistema de calificación estricto, que puede dejar por fuera de las filas a muchos. Dos meses duros de entrenamiento físico  y exámenes teóricos, que terminan con el solemne evento de juramento a la bandera. Acto donde el soldado ofrece dar su vida por mantener la soberanía nacional.


Según la página de internet de la Escuela de Formación de Soldados Profesionales del Ejército (ESPRO), En el año 2005, bajo el mando del Señor Teniente Coronel Javier Orlando Parra Benítez, se graduaron los cursos de Formación de Soldado Profesional números 16, 17 y 18. Formando 3.764 Soldados Profesionales. Los cuales fueron designados para completar las T.O.E (Tablas de Organización y Equipo) de las unidades del Ejército y fundar las Brigadas Móviles números 14 y 15. Entre esos 3.764 estaba Dagoberto.


Los combates y el accidente

Su curso era el 18 y pertenecía a  la Brigada Móvil 15. El día 17 de diciembre, juró bandera y el cuatro de enero se hizo presente en la escuela. “el 20 de enero de 2006 llegaron los camiones y cerca de 1500 hombres fueron transportados de a 30 por camión” agrega. En la oscuridad de la noche, los soldados recién graduados fueron llevados hasta el lugar que sería su nueva casa. A medida que avanzaba la caravana, las compañías se iban quedando en el camino, buscando su  centro de operaciones.

“a mí me bajaron junto con 119 más, después de dos días de camino, en la mitad de Ocaña y Cúcuta” recuerda con claridad. Esa zona es un corredor estratégico de la guerrilla de las Farc, ya que, pueden cruzar la frontera e internarse en las selvas de Venezuela. Cuatro reinsertados que hacían las veces de guía, los llevaron sin mayores contratiempos hasta La Victoria, Norte de Santander.

Los cerros empinados, la neblina, los hostigamientos y el miedo a caer en un campo minado, los hicieron quedarse en ese lugar más de lo previsto. Dagoberto, pensó toda esa noche bajo el inclemente aguacero que lo recibió en su primer día de patrullaje, lo que vendría más adelante. Los intercambios de disparos serían frecuentes,  por las mañanas el despertador sería el grito de algún herido o los rafagazos de los fusiles enemigos.

Al pueblo donde se dirigían, había sido según dice, tomado por la guerrilla en años anteriores y que las amenazas de volver a tomarlo eran frecuentes, tan frecuentes como los combates y hostigamientos. Era el cuarto en la línea de fuego, por ende tenía que ir delante del grupo, su función era la de dar municiones al artillero número uno.

“Mientras estuve en el Ejército, nunca temí de los enfrentamientos, nunca temí a los disparos, mi único temor eran las minas” dice, al recordar lo difícil que fue su primera jornada de patrullaje. Las minas antipersona o quiebra pata, han sido utilizadas con frecuencia por los grupos insurgentes, a pesar que fue el Ejército quien empezó a utilizarlas en la década de los 90s, para resguardar de ataques sus principales centros de operaciones.

Según cálculos del Comité Internacional de la Cruz Roja, en el mundo, alrededor de 2.000 personas sufren mensualmente accidentes por minas, es decir, una cada 20 minutos. De ellas mueren cerca de 800 y el resto quedan con algún tipo de invalidez permanente. Las víctimas son en su gran mayoría hombres, en muchos casos soldados.

Después de sacar a un herido y esperar que desactivaran un campo minado con el que se habían topado, las dos compañías aguardaban jugando cartas el momento de seguir avanzando. En ese punto, habían tenido ya, cerca de tres combates y un herido por mina.  El 67,6% de los muertos y el 81,6% de los heridos son soldados voluntarios, mientras que el 8,8% de los muertos y el 4,2% de los heridos eran soldados regulares. Más de la mitad de los muertos y la casi totalidad de los militares heridos (57,1% y 95.8% respectivamente) se hallaban en situación de combate en el momento del accidente, según la Secretaría Técnica en Salud, del Ministerio de Defensa Nacional.

El 16 de junio a las 11 y 30 de la mañana, día y hora del incidente “jugábamos cartas esperando la orden de seguir, junto a mi habían tres compañeros, uno se levanta y en un intento por acomodar la pierna activo la mina. Quien se había levantado, salió volando y el otro quedo parcialmente desubicado por el sonido de la detonación y la pólvora que le cayó en los ojos, en primera instancia pensé que era un cilindro bomba; intento ponerme en píe para buscar mi fusil y me fui de cara contra la tierra, fue en ese momento en el que supe que había pisado una mina”  cuenta con naturalidad pasmosa, lo que vino después, fue un intento desesperado para contener la sangre y recibir el apoyo helicoportado para trasladar a los heridos.

En Colombia la cifra de heridos es alarmante

Colombia es el segundo país del mundo, después de Afganistán, con el mayor número de víctimas de esos artefactos explosivos. En el periodo 1990 a 2013, se registraron un total de 10.542 víctimas por MAP y MUSE. De éstas, el 39% (4.067) son civiles y el 61% (6.475) miembros de la Fuerza Pública. Y, entre enero y septiembre de 2013, se registraron un total de 305 víctimas, 132 (43%) civiles y 173 (57 %) militares, según datos del Paicma, Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersonal.

Esas estadísticas dan cuenta que del total de víctimas reportadas en ese mismo periodo de 13 años, el 79% (8.369) resultó herida y el 21% (2.150) murió. De los 4.052 afectados civiles, 3.269 (81%) resultaron heridos y 783 (19%) murieron. De los 6.467 miembros de la Fuerza Pública afectados, 5.100 (79%) quedaron heridos y 1.367 (21%) fallecieron.

Entre enero y septiembre de 2013, 107 civiles y 147 miembros de la Fuerza Pública quedaron heridos; 13 civiles y 18 miembros de la Fuerza Pública murieron. A pesar de los múltiples esfuerzos y el empeño mostrado por el Estado colombiano para erradicar totalmente las minas, esa meta parece estar cada vez más lejos. Las anteriores, son cifras que sin duda piden una revisión urgente a las políticas con las que se está tratando este tema. 

La recuperación y su vida de estudiante

En la clínica Carlos Ardila Lulle de Bucaramanga, fue intervenido quirúrgicamente para amputar parte de su pierna. Fueron tres operaciones para acomodar los huesos sobrantes de la Tibia y el Peroné de forma tal que no rozaran con la prótesis que tendría que utilizar de ahí en adelante. Dos meses de recuperación en el batallón de Ocaña, le bastaron para asimilar su nueva pierna y también sirvieron para aclarar muchas dudas en su cabeza y pensar lo que sería ahora su vida lejos del monte, la guerrilla, los fusiles y sin el camuflado.

El 5 de  noviembre, con la entrega, empieza su proceso con la prótesis. Las ganas mostradas antes, le facilitaron  volver a caminar. El médico ortopedista le dio de alta más rápido de lo esperado. La ayuda psicológica que le prestaron, le mostró que hay cosas más allá de la milicia, razón por la cual decide entonces estudiar.

Primero se le pasó por la mente Medicina Veterinaria, por eso de que en su niñez estuvo siempre rodeado de animales y el campo. Pero, pudo más esa increíble afición que de muy chico tuvo por la radio, y terminó matriculado en el programa de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad Sergio Arboleda, sede Santa Marta, donde cursa noveno semestre.

El cinco de abril del presente año, más de uno, más de diez, más de cincuenta, llegaron con la bota del pantalón arriba como gesto de solidaridad con las personas que como él, han sido víctimas de la guerra. “uno nace para ser lo que es y nada lo cambia. Yo nací para ser soldado y siempre lo seré. Si volviera a nacer, volvería a ser Soldado Profesional del Ejército Nacional de la República de Colombia”  dice con orgullo.

Anexo
Tipos de Mina
Descripción
Mina tipo sombrero chino

Provistas de metralla y con un gran poder explosivo se utilizan para emboscadas sobre las vías por donde se movilizan las tropas. Se les instala en barrancas a una altura de 80 cm

Mina cumbo

Utilizada en áreas boscosas, se le instala en las ramas de los árboles a una altura de 50 cm. La metralla que contiene se esparce en todas direcciones al detonar la mina

Mina antivehículo

Se le utiliza para destruir e inmovilizar
vehículos de transporte de tropas.
Instalada en carreteras, contiene un cono acumulativo que se dirige hacia el sitio por donde va a pasar el vehículo

  Mina tipo costa

Se utiliza para realizar emboscadas en
movimiento. Activada mediante un sistema ineléctrico, se le lanza desde un sitio alto contra las tropas.

Anexo: tipos de mina utilizadas en Colombia. Fuente de información: Ejército Nacional.

Aclaración:
¿Qué es una Mina Antipersonal (MAP)?

Según el Glosario Nacional de Términos para la Acción Integral contra Minas Antipersonal, por "mina antipersonal" se entiende toda mina concebida para que explosione por la presencia, la proximidad o el contacto de una persona, y que en caso de explosionar tenga la potencialidad de incapacitar, herir y/o matar a una o más personas. Las minas diseñadas para detonar por la presencia, la proximidad o el contacto de un vehículo, y no de una persona que estén provistas de un dispositivo antimanipulación, no son consideradas minas antipersonal por estar así equipadas.

Nota: Las minas diseñadas para ser detonadas ante la presencia, proximidad o contacto con un vehículo, a diferencia de con una persona, que se encuentran equipadas con dispositivos antimanipulación, no son consideradas como minas antipersonal por el hecho de estar equipadas con ese dispositivo.

¿Qué es una Munición sin Explotar (MUSE)?

Según el Glosario Nacional de Términos para la Acción Integral contra Minas Antipersonal, es toda munición explosiva que ha sido cargada, su fusible colocado, armado o por el contrario preparada para su uso o ya utilizada. Puede haber sido disparada, arrojado, lanzado o proyectada pero que permanece sin explotar debido ya sea a mal funcionamiento, al tipo de diseño o a cualquier otra razón.


4 comentarios:

  1. Estos son los verdaderos héroes de la Patria. Seres anónimos y nobles que han sacrificado muchas cosas esenciales de su vida por defender la de sus compatriotas. Gracias José David por compartir esta historia. Por favor haga llegar mi reconocimiento y admiración a Dago.
    @luisfo1951 en Twitter

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  2. Pacheco, me parece excelente que hayas escrito sobre Dagoberto. Te felicito. De verdad que no tenemos ni idea de la vida de quienes nos rodean. Por otra parte, excelente artículo.

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  3. Ya se esta volviendo rutinaria la visita a este sitio que proyecta la imagen de lo que somos a tono de crónica que promete mucho.
    Cada vez más aparecen los testimonios de la devastación que el conflicto colombiano causa, pero al tiempo se ven ganas de superarlo! Y es desde el periodismo que encienden luces para una salida, ojalá cercana.

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  4. Gracias Luis Fernando, Shadya y Juan José por sus comentarios. Ésta es sin dudas una de esas miles de historias que hay en el país sin contar, es la historia de un héroe anónimo, que estuvo dispuesto y como él mismo dice, si vuelve a nacer, estará decidido a dar la vida por defender a Colombia. Les agradezco su visita al blog, es motivante los comentarios. Hay muchas más cosas en mente, que estarán aquí. Saludos.

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