lunes, 13 de octubre de 2014

¿Quién puede cuestionarme?

Aquí ya nos acostumbramos a tantas y tantas cosas, que lo que llegue a pasar con este no tendría nada de raro. Solo espera uno que el desfalco al erario no sea tan grande y la ciudad o, este grupo 500 mil individuos sin Dios, ley ni sentido de unidad, se hunda en una crisis fiscal profunda que frene su desarrollo.

Por: José David Pacheco Martínez


Por qué tendrían que interesarme a mí las fórmulas a través de las cuales se pueden medir los indicadores de gestión y ejecución de un servidor público, si hay otra, mucha más gente sin la más remota idea de la existencia de tales fórmulas ni interés por aprenderlas. Estas son situaciones que les competen a los organismos de control estatal, que obran bien o mal según su conveniencia en algunos casos, se aleja de mi capacidad de decisión y acción, definitivamente, yo estoy fuera de todo este proceso de control y vigilancia.

Quién sabe cuántas metas de las expuestas en su Plan de Gobierno ha cumplido este alcalde y cumplió el anterior, eso también es algo que se sale de mi resorte. No me he tomado el trabajo de ver cuál es el concepto de ciudad que plasmó el mandatario en ese documento, menos me tomaré el de mirar sus reportes de ejecución e ir comparando con lo propuesto al inicio del periodo. Aquí a nadie le interesa eso, a fin de cuentas, no recibo beneficio alguno de la administración, tampoco voté por ellos, así que eso en nada me afecta. Eso no es conmigo.

La forma como un alcalde, gobernador o cualquiera que ocupe un cargo de elección popular proceda, es absolutamente asunto suyo. Aquí ya nos acostumbramos a tantas y tantas cosas, que lo que llegue a pasar con este no tendría nada de raro. Solo espera uno que el desfalco al erario no sea tan grande y la ciudad o, este grupo 500 mil individuos sin Dios, ley ni sentido de unidad, se hunda en una crisis fiscal profunda que frene su desarrollo.

Santa Marta está creciendo. Poco a poco florece, se levanta lentamente del letargo en el que ha estado sumida estos casi 500 años: donde uno mete el ojo, hay una construcción. Este proceso de expansión y urbanización es una prueba irrefutable de que vamos por buen camino. El capital privado hace lo que no hace el Estado. Qué importa si este mandatario local es bueno o malo.

Tampoco importa que ese crecimiento desenfrenado gracias al poco control que el distrito tiene frente a los proyectos urbanísticos, que además de no estar dentro en un Plan de Ordenamiento Territorial, viola temas de espacio público, irrespeta  las zonas de amortización de playas y está ilegalmente por encima de un status quos que impide construcciones en cerros tutelares y demás zonas de reserva natural. Ese crecimiento desenfrenado y sin control impacta negativamente el suministro del agua y es responsable directo del colapso del alcantarillado. Esos problemas están a años luz de afectarme y no me importan mientras se mantengan así de distantes.


Pensar un ciudad mejor, es un ejercicio del cual ya he renunciado. La situación no está tan mal y podría ser peor, cambiar el rumbo de una ciudad es una tarea difícil que le dejo a otros. Tengo suficiente con mis problemas, al fin de cuentas por qué tendría que dar explicaciones,  quién podría cuestionarme por mi actitud, si el samario es así: apático a los procesos sociales, indiferente las movilizaciones políticas y de cualquier otra índole. El samario es la personificación misma de la despreocupación y el desinterés.

1 comentario:

  1. Más de uno se siente identificado con estos 7 parráfos... una realidad!

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