Santa Marta necesita unir capacidades para resolver su crisis del agua

 La nueva estrategia del Gobierno nacional plantea tres fases de intervención y compromete inversiones multimillonarias, pero todavía hay interrogantes sobre su financiación y respaldo jurídico. Además, la discusión parece concentrada en cómo incorporar más agua a las redes, sin resolver con igual claridad cómo evacuar las aguas lluvias, conducir las residuales y garantizar su tratamiento. La ciudad necesita una instancia independiente que examine integralmente las soluciones y construya una posición técnica frente a la Nación.

Por: José D. Pacheco Martínez

Santa Marta está frente a una de las decisiones más importantes de su historia reciente. Resolver los problemas de acueducto y alcantarillado no consiste simplemente en conseguir nuevas fuentes de abastecimiento o anunciar inversiones. Implica definir un modelo de prestación, establecer su sostenibilidad financiera, garantizar la disponibilidad del recurso hídrico y comprometer recursos públicos durante varios años. Por eso, la ciudad necesita algo más que la coincidencia de sus gobernantes alrededor de una propuesta: necesita capacidad independiente para examinarla, discutirla y defender sus propios intereses.

El pasado 30 de octubre, el Gobierno nacional presentó una estrategia de tres fases para enfrentar la crisis. La primera contempla recuperar el agua que se pierde en las redes, rehabilitar pozos y ejecutar intervenciones del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado. La segunda propone estructurar una empresa regional de agua, con capacidad técnica, administrativa y financiera para asumir la prestación del servicio. La tercera plantea construir un sistema de captación y conducción desde el río Magdalena, con capacidad proyectada de 5.000 litros por segundo, para abastecer a Santa Marta y otros municipios de la región.

La dimensión económica de la propuesta merece especial atención. Se han mencionado inversiones que, sumadas, podrían acercarse a los seis billones de pesos. Sin embargo, es indispensable conocer el presupuesto consolidado, el costo individual de cada fase, las fuentes de financiación y los compromisos que asumirían la Nación, el Distrito y los demás territorios beneficiarios. No es lo mismo una inversión anunciada que una apropiación presupuestal, ni un proyecto en estructuración que una obra con financiación y cronograma asegurados.

Pero hay una pregunta todavía más importante: ¿con qué instrumentos jurídicos y presupuestales se ejecutará esta nueva estrategia? El Gobierno anterior dejó aprobado el CONPES 4159 de 2025, mediante el cual se declaró de importancia estratégica el proyecto de construcción de dos plantas desalinizadoras para Santa Marta. La iniciativa contemplaba aportes nacionales por $786.032 millones, respaldados por un aval fiscal del CONFIS y vigencias futuras excepcionales para el período 2026-2030. Posteriormente, Minvivienda expidió la Resolución 0829 del 6 de noviembre de 2025, dentro de los instrumentos administrativos asociados al programa.

La actual administración nacional anunció que reorientaría esos recursos hacia una estrategia distinta, fundamentada en la recuperación de agua disponible, la modernización de las redes y el abastecimiento regional. Sin embargo, es necesario conocer los documentos que formalizan esa decisión frente al CONPES, el aval fiscal del CONFIS y las vigencias futuras previamente autorizadas. Tampoco se conocen suficientemente los instrumentos que respaldarían la financiación integral de las tres fases.

Esto no es una discusión de formalismos administrativos ni una defensa de las decisiones del Gobierno anterior. Es una cuestión elemental de responsabilidad fiscal y seguridad jurídica. Un anuncio presidencial no modifica por sí mismo una destinación presupuestal, ni habilita automáticamente la utilización de recursos comprometidos para un proyecto diferente. Se necesita conocer qué decisiones adoptaron las instancias competentes, qué autorizaciones deben modificarse y cuáles son los recursos efectivamente disponibles. Sin esos instrumentos, seguimos hablando de propuestas que necesitan convertirse en decisiones institucionales y financieras ejecutables.

Pero existe otro asunto que merece tanta atención como la disponibilidad de agua: la capacidad de la ciudad para evacuarla. Hasta ahora, buena parte de la discusión pública se ha concentrado en cómo incorporar más litros por segundo a las redes de abastecimiento, sin que se advierta una discusión de igual dimensión sobre la infraestructura necesaria para recoger, conducir y tratar las aguas residuales, ni sobre la evacuación de las aguas lluvias.

Santa Marta necesita urgentemente un sistema de alcantarillado pluvial, el fortalecimiento y ampliación del sanitario y una infraestructura de tratamiento de aguas residuales acorde con las necesidades actuales y futuras. El problema es que la red sanitaria no fue concebida para recibir las aguas lluvias y la ciudad sigue padeciendo los efectos de un drenaje urbano insuficiente. Durante las precipitaciones, las sobrecargas producen rebosamientos y afectaciones en distintos sectores.

La dimensión del problema se entiende con una equivalencia sencilla. Si se incorporaran 1.200 litros por segundo adicionales al sistema de abastecimiento, estaríamos hablando de 103.680 metros cúbicos diarios. Si el incremento llegara a 2.000 litros por segundo, serían 172.800 metros cúbicos al día. Naturalmente, no todo ese volumen terminaría en el alcantarillado, porque intervienen las pérdidas, los consumos y los coeficientes de retorno. Sin embargo, cualquier incremento importante de la oferta debe acompañarse de una evaluación de la capacidad de recolección, transporte, bombeo y tratamiento de las aguas residuales.

¿Dónde se recogerán esos volúmenes? ¿Qué capacidad tienen los colectores y las estaciones de bombeo? ¿Cuáles son las necesidades de ampliación de la infraestructura sanitaria? ¿Cómo se financiará el alcantarillado pluvial? Son preguntas que no pueden quedar por fuera de una estrategia que pretende transformar el sistema de agua de Santa Marta.

Tampoco se puede perder de vista El Curval. El proyecto promovido por la administración distrital registra un valor contractual de $893.052 millones, con una estructura económica posteriormente presentada en $861.875 millones: $410.759 millones para infraestructura y $451.115 millones en financiación. La modalidad de crédito de proveedor, los costos financieros, los plazos y las garantías exigen una evaluación independiente. La ciudad necesita establecer cómo se integra esta obra con la nueva estrategia nacional y si existen alternativas jurídicas y financieras que permitan reducir el costo total de las soluciones.

Frente a este panorama, propongo promover una Comisión Ciudadana de Notables por el Agua de Santa Marta. Un espacio independiente, integrado por profesionales con trayectoria en ingeniería hidráulica y sanitaria, servicios públicos domiciliarios, derecho administrativo, contratación estatal, hacienda pública, financiación de infraestructura, ordenamiento territorial y gestión ambiental.

Personas alejadas de los compromisos político-electorales y de intereses particulares que puedan condicionar sus decisiones. Su primera tarea sería construir una matriz de trazabilidad jurídica y financiera de las inversiones anunciadas, verificar el estado del CONPES 4159 y las decisiones del CONFIS, examinar la viabilidad de las tres fases y confrontar las alternativas con el proyecto El Curval.

También debería evaluar integralmente las necesidades de alcantarillado sanitario, pluvial y tratamiento de aguas residuales; convocar a las universidades y organizaciones ciudadanas, y establecer interlocución con el Gobierno nacional.

No se trata de crear otra instancia burocrática ni de reemplazar las competencias de las autoridades. Se trata de que Santa Marta tenga una representación técnicamente preparada para sentarse a discutir con la Nación, formular preguntas incómodas y presentar alternativas sustentadas. La adhesión sin reparos de la Alcaldía y la Gobernación a las iniciativas nacionales no sustituye la deliberación que necesita la ciudad.

El agua no puede seguir siendo un asunto de anuncios gubernamentales que cambian con cada administración. Santa Marta necesita una posición propia, construida con independencia, conocimiento y responsabilidad. Porque no basta con conseguir más agua si no sabemos cómo distribuirla, evacuarla y tratarla. Si están en juego varios billones de pesos y el abastecimiento de las próximas generaciones, la ciudadanía tiene derecho a exigir que cada peso, cada obra y cada compromiso estén debidamente sustentados.

 

 

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